Esta cascada es una de las sorpresas que depara por la ruta que recorre por diversos parajes amazónicos.
El kilómetro 7 de la vía Puerto Napo-Misahuallí es el punto de partida. En una casa de caña guadúa, madera y techo de paja toquilla, María Cerda da la bienvenida a los visitantes.
Sus dos pequeños hijos, Reni y Joselín Santi, también hacen las veces de guías cuando hay varios grupos de turistas. Ellos aseguran conocer cada sendero de este complejo turístico.
En el recorrido, que toma 45 minutos, se observan la rica flora amazónica y sus plantas ornamentales y medicinales. Uno que más llama la atención es el Matapalo. Desde su copa descienden lianas que se enraízan en la tierra y dan lugar a otras plantas. Éstas a su vez parecen estrangular al árbol inicial hasta desaparecerlo.
En la mitad del recorrido cautiva una gigantesca plataforma de piedra de 50 metros. Un par de niños turistas se desliza sobre ésta, aprovechando las aguas del riachuelo que cruza por el sitio.
Enseguida, el rústico empedrado del sendero cede su espacio al empalizado. A partir de allí, la caminata se vuelve una verdadera aventura, sobre todo cuando los turistas se deslizan por lodosas pendientes, aferrándose a lianas, ramas y a raíces de árboles inmensos. A lo lejos se alcanza a oír el sonido de una cascada.
El camino se pierde a orillas del río Umbuni y los turistas se convierten en escaladores principiantes al deslizarse entre rocas de cinco metros de diámetro y casi tres de altura, en torno a la cascada.
Una fresca brisa ayuda a sobrellevar el sofocante calor del recorrido. Al mismo tiempo los árboles, que parecen gigantes vigías de la cascada, dan sombra a los caminantes.
El placer es aún mayor al llegar al pie de la cascada de Latas. Sus paredes están formadas por una serie de rocas cuadradas, rectangulares o que parecen rombos y trapecios, colocadas una sobre otra.
La caída del agua forma varias chorreras, en las cuales los bañistas se refrescan con una suerte de hidromasaje natural. Reni y Joselín trepan las paredes rocosas de la cascada para ejecutar hábiles clavados sin temor alguno.
Tras el largo chapuzón, el regreso se torna fácil hasta la carretera principal. Ahora el recorrido continúa hacia Misahuallí por una vía cuyo asfaltado está a punto de concluir.
La vía llega hasta una arenosa playa en la desembocadura de los ríos Misahuallí y Napo. En el camino, los visitantes se cruzan con una manada de monos machines: un macho y su grupo de hembras que llevan a sus crías sobre sus espaldas o vientres.
Todos los días, los machines salen al parque de Misahuallí para jugar o recibir alimento de los transeúntes. Luego la manada regresa a los árboles de pechiche.
Un paseo en canoa por las aguas del Napo puede complementar la aventura. Por esta ruta se llega hasta el Puerto de Orellana en cinco horas.
En la misma vía Puerto Napo-Misahuallí está la comunidad de Cuyaloma, en Rumasai (piedra que da energía). Allí, Luis Andi Grefa, un chamán de 53 años, suele atender a los pacientes desahuciados.
Él viste una corona tejida con plumas de papagayo, un taparrabo hecho con hojas de llanchama y collares elaborados con piedras de los ríos.
Mientras realiza una limpia a un paciente con un ramo de hojas de suripango, el chamán entona cánticos en kichwa. Utiliza el yutzo para curar la invalidez; el ojo de monte para los males del corazón...
Los turistas, además, tienen otras opciones en Napo. Una de ellas es el balneario la Soga, dos kilómetros al norte del Malecón de Tena. Allí los bañistas solían colgarse de largas lianas antes de sumergirse en las aguas del Tena. Hoy éstas desaparecieron, pero la gente igual sigue divirtiéndose.
En este sitio, Gabriel Guallo, un operador turístico, juega con sus dos anacondas de cuatro metros de largo y cerca de 40 libras de peso. Él las alquila para quienes quieren llevarse una foto de recuerdo.
Guallo les ayuda a colocarse a la víbora en el cuello. En ese momento, el calor de la Amazonia se entremezcla con la fría piel de las anacondas. Pero no hay que temer, las serpientes no atacan a los turistas, quienes disfrutan del contacto con el animal que solo se encuentra en la región.
Para considerar
¿Cómo llegar?
Buses interprovinciales salen desde Quito a Tena. El pasaje cuesta cinco dólares y el viaje demora seis horas.
El hospedaje
En Tena funcionan hoteles y hosterías. Los precios fluctúan entre los 10 y 25 dólares.
¿Dónde navegar?
Puerto Napo está a 10 minutos de Tena en la vía hacia Puyo. Misahuallí, a 17 km de esta ciudad.
¿Qué llevar?
Ropa liviana, traje de baño. Mucho repelente de insectos y protector solar. Además, una gorra para protegerse del sol. También sandalias para entrar y salir de los ríos.
¿Qué comer?
En la capital de Napo, los restaurantes ofrecen comida para todo gusto. Los turistas prefieren los alimentos preparados con los peces de la región.
Información tomada de:www.elcomercio.com.ec |