Las hábiles manos de don Aurelio Peralta Montoya plasman sobre la suela y pequeñas piezas de metal la creatividad de su ingenio. Esa combinación de destreza e inspiración le permiten moldear figuras que luego se convierten en llamativos aderezos para los caballos.
La paciencia y el esmero son el complemento de este talabartero, de 56 años, del recinto Jauneche, del cantón Palenque. Él es quien crea una serie de adornos para los equinos que le encargan los hacendados de la zona. Con la suela y metal tallado elabora pecheras, baticolas, carolas, bozales... Esos atavíos siempre tienen demanda entre los campesinos de Los Ríos, Guayas y Manabí, para adornar sus corceles en los festejos del Día de la Raza, cada 12 de octubre.
EL DATO
Hoy hay rodeos en El Salto, de Babahoyo; en Río Nuevo de Vinces y en el sector Los Emilios, de Mocache. El domingo será en Baba.
Sus obras de arte lo han hecho muy popular entre los hacendados de la región, afirma Elio Bustamante, un vecino de Palenque. “Don Aurelio es quien engalana los caballos con llamativos aderezos para participar en los rodeos montubios”. Este hombre de cabellera blanca se siente protagonista de la fiesta montubia que se recuerda hoy en el Litoral ecuatoriano.
“Nunca me imaginé que yo sería quien adorne los caballos a muchos jinetes para esta época”, refiere mientras da los toques finales a una rienda.
Siempre trabaja bajo pedido desde Vinces, Mocache, Santa Lucía, Daule, El Empalme, Pichincha... Y también algunos almacenes que venden estas obras de cuero en la región. Los encargos de los hacendados aumentan entre mayo y julio, época de las cosechas de maíz y arroz en la región. “Es allí cuando los campesinos tienen dinero y hacen los encargos con tiempo para la fiesta del 12 de Octubre”, anota.
Su taller de talabartería es parte de su humilde vivienda de hormigón, ubicada en la calle principal del recinto Jauneche, junto a la Iglesia de San Miguel. En el portal y en la pequeña sala del inmueble se ven suela, láminas de metal, una cizalla, un martillo, un esmeril, cinceles... Son sus herramientas y fieles compañeras .
En la pared del interior de su casa hay algunos aderezos terminados, listos para ser entregados. Sus llamativos diseños atraen la mirada de cualquier visitante. “Cada mañana, el golpe del martillo sobre el cincel es la señal de que don Aurelio empezó su jornada”, refiere Jovito Coronel, un vecino .
El taller de talabartería es una identidad, no solo de Jauneche, sino de la cultura montubia de la región. Es la única parte de Los Ríos donde se elabora este tipo de guarniciones, afirman los habitantes del recinto. En los días laborables, el trabajo se extiende hasta las 18:30, en el taller. Don Aurelio solo descansa momentáneamente a las 07:30 y a las 12:30, para desayunar y almorzar. Luego reinicia su jornada.
Con los ingresos que le deja su trabajo pudo educar a sus hijos y asegurar el sustento de su hogar. Pero dice que la crisis del agro debido a la sequía también le afectó este año, porque los pedidos bajaron.
Sus hijos, José Luis y Darwin, que estudian en colegio, le ayudan a cortar los moldes de suela y a realizar los tallados en metal, en ratos libres.
Paradójicamente su éxito se inició cuando supo que no podía trabajar como jornalero. A los 10 años cayó de un árbol de mango y se fracturó el tabique. Pero fue a los 25 cuando recién pudo ser operado en Guayaquil.
Creyente de Dios a ultranza, cree que fue ayudado por el Todopoderoso. “Seguiré en esto hasta cuando Dios quiera...”, expresa mientras sus manos arman una tapadera.
La doma del chúcaro es la costumbre de la región
La doma de chúcaros, la belleza femenina, música, baile, aguardiente... serán el centro de atracción del rodeo montubio. Es la celebración que se vive hoy en algunos sectores del Litoral ecuatoriano, en homenaje al Día de la Raza.
El sol de verano y el viento fresco del atardecer octubrino acompañan a esta tradición campesina que concita el interés de propios y extraños. Es la fiesta montubia donde habilidosos jinetes luchan para domar a los caballos.
Vestidos con camisa manga larga, sombreros de paja toquilla o cuero, Blue jean, descalzos pero con espuelas en sus talones, los montadores hacen alarde de su bravura y destreza para someter a los corceles.
Los ruedos de madera y caña, con graderíos, están listos para recibir a millares de visitantes. La celebración es una tradición en Babahoyo, Vinces, Mocache, Baba (Los Ríos), Salitre y Vernaza (Guayas). Las haciendas de la región presentan a sus mejores hombres para concursar, dice Andrés Yépez, un campesino de Mocache que asiste a esta celebración.
La doma del chúcaro, ‘la monta mecha a mecha’ (domar un chúcaro sin ensillarlo), y el ‘lazo pial’ (enlazar las patas delanteras del animal con el pie), son pruebas obligatorias para los participantes. “En el ruedo se enfrentan hombre y chúcaro. Unas veces gana el jinete y en otras pierde por la fuerza del caballo”, dice.
La fiesta se complementa con los amorfinos y la elección de la Criolla Bonita, es decir la campesina más simpática de la región, anota María Cárdenas, una habitante de Palenque asiste a estas fiestas.
Información tomada de: www.elcomercio.com.ec |